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viernes, 15 de marzo de 2019

Trampantojo

Trampantojo


Nadal aborda tocado a Federer

Nadal, tras batir a Khachanov, con un vendaje en la rodilla derecha.

Habrá Nadal-Federer en Indian Wells. O tal vez no. O sí, pero no, porque el triunfo del balear sobre Karen Khachanov (doble 7-6, en 2h 16m) dejó un poso de preocupación e interrogantes. ¿Saltará a la pista este sábado, para disputar las semifinales o no? ¿Será capaz de competir de tú a tú contra el suizo (doble 6-4 a Hubert Hurkacz)? ¿Hasta qué punto debe considerarse la advertencia (una más) de su tendón rotuliano? ¿El hoy o el mañana? ¿Arriesgar o no arriesgar?
Nada más revelador que el rostro del número dos al enfilar la red, al término del partido, para estrechar la mano del rival. Gesto torcido y cabeza gacha, nada del brinco triunfador que suele dejar después del éxito. Esta vez, un apretón y brazos en alto, sí, pero una celebración a medias, escueta y comedida; esta vez, pese al desenlace favorable ante el ruso, el día dejó dolor y angustia, porque la rodilla derecha volvió a avisar y no hay mayor adversario para él.
"Mi carrera se ha dado así. He tenido la mala suerte de jugar muchas veces con dolor, pero no todos los días puedo jugar unos cuartos de Indian Wells", expuso el ganador ante el público, sin entrar del todo en este último percance físico: "Ya he hablado muchas veces de mis lesiones... Estoy feliz de estar en semifinales".
Fue en la segunda manga, poco después de haber enderezado la primera y habérsela adjudicado con mucho temple (7-2 en la muerte súbita). Entonces, Nadal se fue a la silla y solicitó la asistencia médica. Inicialmente se tapó boca con la mano para evitar que trascendieran sus comentarios –vicio muy extendido entre el futbolista moderno–, pero luego llegó la aplicación del vendaje y la cojera creciente, la incertidumbre porque Nadal servía a duras penas y se desplazaba con dificultades, con el temor a que en alguno de esos pasos pudiera producirse un mal mayor.
Sin embargo, pese a la adversidad, el de Manacor fue reponiéndose como solo él sabe hacerlo y volvió a voltear el segundo parcial, anotándoselo de nuevo con una resolución impecable en el tie-break (7-2 otra vez). Khachanov tiene mimbres, pero le sigue faltando colmillo. Lo hizo casi todo bien en el primer acto, pero ni aun así pudo llevárselo; y luego, en la continuación, no pudo con un Nadal tocado que por momentos parecía que podía detenerse y no arriesgar, porque a medio plazo asoma el Edén de la tierra batida y conviene mirar hacia allá.
Tratando de ser precavido, el español economizó esfuerzos y abrevió los puntos a la que pudo moverse mejor para no castigar más de lo debido la articulación. Desbarató una bola de set del ruso y después puso rumbo hacia Federer, 17 meses después. La última vez que se midieron ambos fue en la final de Shanghái, en octubre de 2017, cuando Nadal también compitió dolorido de la rodilla. El de este sábado (hacia las 21.00, Movistar+) será el 39º choque entre ambos, con el histórico a favor del mallorquín (23-15). No obstante, Federer cuenta con un doble aval: domina en los cruces sobre pista dura (11-9) y se ha impuesto en los cinco últimos, cuatro de ellos finales. "No creo que esos cinco partidos importen demasiado, sinceramente. Ha pasado mucho tiempo", había precisado previamente el suizo.
A priori, el tenis asistirá a otra cita de 24 quilates: Nadal-Federer. O tal vez no. La rodilla volvió a hacerse notar. Y no hay señal más peligrosa para Nadal, cada día más cauto. Su futuro depende de ello. "Espero recuperarme bien. Él [Federer] es probablemente mi mayor rival. Es un placer y una gran oportunidad poder competir de nuevo contra él. Espero estar listo para estar al cien por cien", zanjó el español. La otra semifinal (19.00) medirá al austriaco Dominic Thiem contra el canadiense Milos Raonic.

La pobreza se recrudece y acosa al 24% de los catalanes

Una persona sin hogar en el parque de la Ciutadella de Barcelona.

Los brotes verdes que asoman a escala macroeconómica todavía no alcanzan al ciudadano común. La salida de la crisis económica no se refleja en los hogares catalanes y la pobreza, lejos de reducirse, se recrudece en los sectores más vulnerables. El último informe de de ECAS (Entidades Catalanas de Acción Social), que radiografía los indicadores sociales en Cataluña, apunta que un 23,8% de los catalanes están en riesgo de pobreza, una cifra que no ha dejado de crecer desde 2015. La precariedad laboral y en la vivienda también se perpetúa, avisa la organización.
“La pobreza se cronifica y la supuesta recuperación económica no se traduce en una mejora de las condiciones de vida de la población”, zanja el informe Insocat de ECAS. En Cataluña, la tasa AROPE —que mide la población que vive bajo el umbral de la pobreza, las personas con privaciones materiales severas y aquellas familias con baja intensidad de trabajo por hogar— dibuja un panorama poco halagüeño en términos socioeconómicos: en 2017, último año del que se tienen cifras, el 23,8% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión, un porcentaje en alza desde 2015. Entre la población extranjera, las circunstancias de exclusión social alcanzan al 47,7%.

Las privaciones en el hogar también se han intensificado. La mitad de la población catalana tiene dificultades para llegar a fin de mes y los hogares ya destinan más del 30% de su renta a pagar la vivienda o los suministros. Según la vocal de pobreza de ECAS, Teresa Crespo, estos datos indican que la pobreza está empezando a afectar también a las clases medias.
El entorno socioeconómico, con un mercado laboral e inmobiliario “caracterizado por la inestabilidad y el abuso” —sostiene el estudio— tampoco ayudan a reconducir la situación. El 87% de los contratos que se firman cada año son temporales y la tasa de pobreza en el trabajo es del 12,2%.
Las entidades que aglutina ECAS recuerdan que el efecto de los tijeretazos sociales que se ejecutaron durante la crisis aún pasan factura y la reversión total de los recortes sigue pendiente. “La inversión en políticas públicas por parte de la Generalitat ha crecido tímidamente. El gasto conjunto en salud, educación, protección y promoción social y vivienda se redujeron en más de 4.000 millones de euros entre 2010 y 2014, de los que solo se han recuperado 1.800”, apunta el informe. La presidenta de ECAS, Sonia Fuertes advirtió ayer, no obstante, que las políticas sociales deben tener en cuenta que las necesidades sociales son ahora mayores y la vida es más cara, un escenario que requiere, indicó, mucha más inversión social de la que había antes de los recortes.

El cierre de los narcopisos aboca al consumo de droga en plena calle

Dos hombres consumiendo droga en el Raval

Los Mossos d’Esquadra dieron, a finales de febrero, por finalizado el fenómeno de los narcopisos —inmuebles abiertos 24 horas al día donde se vende y se consume droga y se vive— en el céntrico barrio barcelonés del Raval. Los vecinos llegaron a contabilizar más de 70 pisos ocupados por mafias que funcionaban de forma simultánea como supermercados de la droga. Tras la actuación policial, los consumidores y vendedores se han instalado en las calles del barrio.
Ángel Cordero de la asociación Acció Raval lamenta: “La Generalitat está mucho más preocupada por el procés —que creo que es importante— que por los problemas de la ciudadanía y en el Raval, problemas, tenemos muchos”. Cordero mantiene que después de que la presión de los vecinos señalara a los narcopisos, ahora es el turno de las administraciones: “Tienen que atender a los consumidores para que no lo hagan en plena calle y a cualquier hora”. Cordero lamenta el triunfalismo de los Mossos: “Han acabado con una mafia de narcopisos pero otros grupos venden en otros pisos ocupados donde ahora lo único que ha cambiado es que dentro no se consume ni duerme nadie”.
Los clientes de la droga se mezclan con sin techo y otros colectivos en los jardines de Sant Pau, en el Portal de Santa Madrona y delante de la sala de venopunción Baluard donde desde la clausura de los narcopisos se ha duplicado la actividad.
La concejal de Ciutat Vella, Gala Pin, mantiene que el Ayuntamiento es consciente del problema y ha reforzado la presencia de la Guardia Urbana en el barrio. “Los educadores de salud han tenido que cambiar las rutas para detectar a consumidores que ya no están en los narcopisos. Intentamos que no se concentre la gente en puntos concretos y ponemos en marcha recursos sociales para afrontar la problemática”, mantiene Pin. El Consistorio pretende mejorar la iluminación y rediseñar espacios como los jardines de Sant Pau donde se concentran a diario decenas de sin techo, chatarreros y menores extranjeros no acompañados (Mena). Pese a ello, Pin lamenta: “Ha habido una disminución injustificada de la presencia de Mossos. Estamos ante un problema global que debe tener una respuesta de todas las administraciones y no solo del Ayuntamiento”.
El jueves un grupo de vecinos de Poble Sec se manifestó, junto con concejales de Ciudadanos y el PP, denunciando el aumento de inseguridad en su barrio. “Desde que cerraron los narcopisos del Raval hay más maleantes en nuestro barrio”, lamentaba un vecino. Evitaron, con mayor o menor suerte, pronunciarse sobre las decenas de menas que malviven en la vía pública.
Cordero, de Acció Raval, respondía ayer de forma clara: “Los mena son menores que están viviendo en la calle. La Generalitat tiene que ir, recogerles, darles donde comer, donde dormir y una educación, como niños que son, que no deben estar en la calle. La culpa es de las administraciones que miran hacia otro lado”.
Ayer los Mossos y la Guardia Urbana realizaron un operativo conjunto y clausuraron dos pisos de Ciutat Vella donde se vendía droga. Ya no son narcopisos sino simples puntos de venta. En la operación participaron una decena de policías.
En el Raval todavía recuerdan el pasado 29 de octubre cuando más de 700 agentes se desplegaron de madrugada en el barrio. El operativo, bautizado como operación Bacar, acabó con el desmantelamiento de 26 narcopisos y la detención de 55 personas. Atrás quedaban meses y meses de presión vecinal y de una sensación de inseguridad inasumible en pleno corazón de Barcelona.
Nada más constituirse el gobierno de Quim Torra, el pasado mes de junio, el Ayuntamiento exigió más agentes de los Mossos ante un verano que ya se presumía caliente. Las estadísticas situaban la inseguridad a niveles de la década de los 80. No fue hasta finales de octubre que la operación Bacar segó de cuajo el fenómeno de los narcopisos. Acto seguido, los Mossos pusieron en marcha un nuevo dispositivo de que garantizaba la presencia de Mossos uniformados en las calles del Raval. En febrero, los agentes de la Generalitat dieron por concluido el fenómeno de los narcopisos. Los Mossos declaraban que junto con la Urbana habían clausurado desde abril de 2017 —cuando comenzó el fenómeno— más de 170 narcopisos de los que 104 estaban en pleno Raval. El triunfalismo cayó como un jarro de agua fría entre los vecinos que con, o sin narcopisos, siguen sufriendo las consecuencias del consumo de drogas. Aquellos que vivían, consumían y dormitaban en narcopisos ahora lo hacían en plena vía pública.

Maragall propone hacer 15.000 pisos sociales en dos mandatos

Ernest Maragall, alcaldable por Esquerra.

El candidato de ERC por Barcelona en las elecciones municipales, Ernest Maragall, se marca como objetivo conseguir aumentar en “15.000 pisos el parque de vivienda pública en dos mandatos”. Una cifra que parte de la premisa de que en Barcelona hay suelo para construir 20.000 viviendas a precio asequible, apuntó.
Maragall intervino en el ciclo Matins Cerdà del Colegio de Ingenieros de Caminos de Barcelona y explicó cuáles serán los ejes de su programa en las grandes cuestiones de ciudad. En conjunto, el republicano consideró que a medio plazo Barcelona deberá tener una visión metropolitana y apostó por, igual que en su día Cerdà ideó el Eixample, trabajar en un “plan Cerdà metropolitano”.
El candidato se mostró partidario de tomar medidas drásticas para reducir los coches privados de la ciudad. Criticó que “cada día se produzca una invasión de coches que aparcan gratis” en barrios periféricos; o que la movilidad asociada a la distribución de mercancías compradas por internet no pague tasas específicas. “Hay que abandonar el paradigma del coche en la ciudad. Se acabó”, concluyó y se mostró partidario de extender la pacificación de calles con supermanzanas como la del Poblenou implantada por la alcaldesa Ada Colau.
Como la edil, apostó por invertir en el Eje Besòs, “uno de los territorios que demuestra que estamos en una situación intolerable” en materia de desigualdad. Y también reivindicó recuperar la “autoridad democrática” sobre la gestión del espacio público; y las obras del tramo central de la L9 del metro con presupuesto del Ayuntamiento y ayuda de la Generalitat.

El material de los infiernos

'Mossos d’Esquadra. Els casos de ficció', un libro escrito por varios agentes.

La escena es pintoresca: una joven de rodillas va fregando el suelo como puede. Con ahínco rasca la sangre de las juntas de las baldosas, de la pared, de los pomos… Una semana antes, unos sicarios mataron a dos jóvenes en el interior del piso, en un barrio humilde de El Prat. Al primero le dispararon solo abrir la puerta, en el recibidor. El otro dormitaba en el sofá con su novia cuando le mataron. La novia, que había alquilado una habitación en el piso, recibió un disparo de refilón en el cuello, pero sobrevivió. Pasó en 2017 y fue el último episodio de una espiral de ajustes de cuentas entre narcos.
La dueña del piso tuvo que buscarse la vida, contrató a la joven limpiadora y entre las dos frotaron salpicaduras, tiraron muebles y pulieron azulejos hasta dejar el lugar habitable de nuevo. “Se suelen ocupar empresas privadas al uso de limpiar esas cosas”, explican fuentes policiales, aunque algunas ponen pegas. Como mucho, el policía de turno puede recomendar a alguien de confianza, si es que lo tiene, para ese tipo de encargos. Luego toca volver a vivir, a sentarse en el sofá, a cruzar el recibidor y a mirar la tele una tarde cualquiera como si nada hubiese pasado.
La mujer del piso de El Prat me contó en su día que se planteaba ir al psicólogo. Es difícil que un doble asesinato te deje como si nada, ni siquiera a los policías, que acostumbran a verlas de todos los colores. “Hay expresiones, miradas que no olvidas en tu vida”, dicen fuentes policiales. “El olfato es la memoria que más se mantiene”, coinciden varios investigadores. Con los años y la experiencia… “te acostumbras a no mirar a los ojos a una víctima, a no empatizar con ella, a no querer saber por qué le ha pasado lo que le ha pasado, cómo ha sido, qué ha sentido…”.
Y a pesar de eso, “a veces esas miradas vuelven en los sueños, te persiguen”. Trabajan con la cara más cruda de la realidad, con el material que podría surtir los infiernos. Los asesinatos como el de los jóvenes de El Prat son poco frecuentes, pero no es tan raro un accidente de tráfico con niños atrapados, un suicidio de un cazador que ha usado su arma en casa, o el padre que secuestra a su hijo, lo mata y después se suicida… “Acabas llorando con gente a la que no conoces de nada”, añade otro agente, sobre su trabajo. “Podría escribir un libro” es una frase muy repetida entre los policías.
Un repaso a los últimos títulos demuestra que muchos de ellos lo hacen. Marc Pastor, escritor y miembro de la policía científica de los Mossos, coge la realidad y la ficción en Els àngels em miren (Amsterdam) y las pasea por una Barcelona negrísima. La mossa Anna Choy elige a la violencia de género en Mañana puedes ser tú (Tibidabo Ediciones). Los periodistas Toni Muñoz en Solo tú me tendrás(Península) y Alfonso Egea con 29 balas y una nota de amor (Alrevés) recorren el crimen más rocambolesco de los últimos tiempos: el asesinato de Pedro Rodríguez a manos de su pareja, Rosa Peral, y su amante, Albert López. Los tres eran guardias urbanos. El también periodista Manuel Marlasca explica el caso del pederasta de Ciudad Lineal, Antonio Ángel Ortiz, en Cazaré el monstruo por ti (Alrevés).
Anna tiene 13 años y mira desde el público con admiración a su padre, José Barroso. Él es uno de policías que ha participado en el libro Mossos d’Esquadra. Els casos de ficció (Alrevés). Se presentó con ilusión al concurso de relatos que convocó la institución y todavía le cuesta creer que su cuento resultase uno de los 14 elegidos. Una historia de robos en casas, ese tipo de delito clásico en España (107.012 el año pasado). “Pura invención”, asegura Barroso sobre su cuento, después de la rueda de prensa en la que se ha presentado el libro. Con el apoyo de la Generalitat, y coordinado por otro mosso y escritor, Rafa Melero, la intención es que el ciudadano pueda extraer consejos de seguridad. Anna ha aprendido algo muy básico al leer a su padre: hay que echar la llave al salir de casa, no vale solo con cerrar la puerta.
La narración de desgracias humanas, los siempre criticados sucesos, acostumbran a tener éxito, da igual en qué formato. Son fuente de información y de inspiración. ¿Pero, por qué? No recomiendo a un periodista de sucesos preguntar mucho al entorno: hay riesgo de deprimirse. “Vamos al cine o al teatro para emocionarnos con las desgracias del prójimo, incluso con violencia de todo tipo. Leemos con pasión relatos de hechos horribles, sean A sangre fría, de Truman Capote, las crónicas de Vasili Grossman durante la Segunda Guerra Mundial o las odas romanas a la aniquilación de Cartago”, escribe el periodista Cristian Segura en su libro La sombra del ombú (Lectio Ediciones). Y recurre al filósofo David Hume para hallar una explicación: “La pasión puede provocar dolor de manera natural, incluso si se la excita con la simple presencia de un objeto real. Pero si esta pasión es pulida, suavizada y apaciguada, trabajada por las artes más delicadas, entonces se convierte en el más elevado de los entretenimientos”.

El juicio y la sociedad espectáculo

Josep Lluís Trapero, durante su declaración en el Supremo.

El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre las personas, mediatizada por las imágenes”, escribía Guy Debord. A la sociedad espectáculo corresponde el juicio contra el procés convertido en serie televisiva de duración indeterminada. Las imágenes que se proyectan desde la sala van al encuentro de las miradas de los ciudadanos en un ejercicio de doble filo: interpela e impresiona, pero también normaliza el acontecimiento: un espectáculo más. La forma determina el mensaje. Y el material que suministran las cámaras del Tribunal Supremo es fruto de una realización de mínimos, por orden superior, que desatiende al entorno pero distribuye con precisión los papeles: Los jueces en posición elevada en un plano general recurrente que realza su autoridad, los acusados y testigos centrando la narración con planos aparentemente neutros y con el contrapunto de las visitas puntuales a quienes les interrogan, y con algún recurso de imagen recordatorio de la presencia del banquillo. Una realización rígida pero que por repetición aporta intensidad dramática.
Estamos asistiendo en directo a un ejemplo de lo que ha sido materia prima de infinidad de películas. La visión en tiempo real no desmerece. Da corporalidad a la ficción y la tensión, la emoción, los nervios, las inquietud e incluso el desconcierto tienen calado, aguantan mucho más allá del fin de la transmisión, pero ¿hasta qué punto corre el riesgo de aparecer como un espectáculo más en una sociedad que tiende a convertirlo todo en ficción para el consumo? No hay delegación en actores, los acusados representan su propio papel con lo que la empatía o el rechazo son de carne y huesos. Y la trama es política, es decir, su relato se prolonga en la esfera pública. Como todo espectáculo está lleno de vicisitudes que generan constantes cambios de ánimo en los protagonistas y en los observadores. Pero el medio es el mensaje y la conversión en serie televisiva no es irrelevante.
En los últimos días parecía que las acusaciones centraban la atención en dos personajes externos a la causa: el acusado rebelde Puigdemont y el propio Trapero. Ante las dificultades para fijar un relato de violencia, se retrataba el jefe de los Mossos como el pérfido responsable de un ejercicio de violencia por omisión. Por el camino ha habido también momentos estelares de algunos figurantes. El relato machacón del coronel Pérez de los Cobos milimétricamente ajustado a la versión de la fiscalía; el ejercicio subjetivo de descripción de los miedos sufridos por parte de la invisible secretaria judicial barcelonesa; y la temblorosa declaración del comisario Castellví del servicio de información de la policía catalana. Pero en el universo de la imagen es determinante la capacidad del personaje de ser actor de sí mismo, aún a riesgo de que olvidemos su condición real. Y de pronto irrumpió el mayor Trapero, porte impecable de policía bueno de película —firme pero exquisito en la formas—, preciso en la exposición de sus argumentos, transmitiendo la sensación de no ocultar nada, e inmutable en la confrontación dialéctica con quienes le interrogaban. Su frase: “Estábamos preparados para detener al presidente Puigdemont y a los consellers”, quedará para los titulares de la versión de síntesis de esta larga serie televisiva.
Al final del camino, habrá una verdad judicial, que nada tiene que ver con el concepto epistemológico de verdad. En realidad lo que tiene eficacia en la sociedad del espectáculo está por lo general muy lejos de la verdad. La verdad judicial es un juicio que establece la correspondencia de unos hechos probados con los tipos delictivos inscritos en el Código Penal. Si siempre es difícil encajarlos con precisión, más todavía cuando se juzga la complejidad de un conflicto político, cargada de significaciones ideológicas, y con una gama de derechos encontrados en juego. El problema de la verdad judicial es que tiene consecuencias muy relevantes para los acusados: absolución o condena. Y lo que puede haber ido adquiriendo una dimensión de relato ficcional puede tener aterrizaje cruel.
En un juicio por un episodio político, la decisión judicial no significa el final del conflicto. ¿Cómo marcará el futuro la incursión en los Tribunales? ¿El proceso judicial televisado habrá teñido al procés catalán de producto de ficción? ¿O simplemente la ficción es nuestro estado natural, y, sobre todo, en política? Dejo la moraleja en manos de Débord: “En el mundo realmente revertido, lo verdadero es un momento de lo falso”. Es la esencia de la sociedad espectáculo.